18 de septiembre de 2021

Hoja Negra

Poesía para la nuevas generaciones

Tres poemas de Justine Báez

3 min de lectura


Abogada, egresada de la Universidad Católica de Colombia, 25 años de edad. Le apasiona la defensa del medio ambiente. Le encanta la literatura gótica y ama escribir poesía.


Mi montaña

Como subir la montaña, es recorrer tu camino:

arduo y empinado sendero,

que se emprende con la firme necesidad

de saber cómo y dónde se ponen los pies,

porque la tierra y el agua,

la firmeza y lo cambiante,

forman un resbaladizo barro,

que me puede hacer caer.

Pero disfruto tu aire

impregnado de vida,

que me hace querer 

respirarte, 

para siempre.

En tu espesa vegetación, 

encuentro flores de dulce aroma,

con bellos colores, 

que combinan con la alborada que compones.

Los árboles frondosos, con recuerdos dolorosos,

cuyas raíces ayudan a tus bases sostener.

Las ramas con espinas

que protegen el delicado fruto de tu querer.

!auch, me duele¡ me he pinchado otra vez… pero

suena la quebrada de tus melodías,

la acompañan las aves, 

que son versos que brotan

de tu mágico ser,

así olvido un poco la pinchada de ayer.

Descubro en tus aguas 

la esperanza 

de poder sumergirme y de tu amor beber.

Inestable es mi andar,

porque tus rocas muy altas están.

Me detengo, respiro, te admiro y sonrió,

es hora de continuar.

Y así, tan hermosamente difícil

es intentar llegar a tu cima,

lo disfruto y me llena,

me apasiona y lastima,

la veo lejana, escondida entre neblina

yo sé que no llegaré

pero recorrerte

es un privilegio que no pienso perder


Ángel

Ven, abrígame con las notas de tus besos,
entre sonidos estridentes hazme la vida color cielo.
Dibuja con tus manos, tu cariño en mi cuerpo,
hazme sentir los latidos de tu pecho.


La poesía que inspiras, vuélvela melodía,
Con tus manos en las mías, somos un alma en huida,
de este mundo inmundo, ya sin sueños,
vacío, enfermo que se roba los anhelos.

Entre hábitos insanos se balancean nuestros cuerpos,
espíritus quebrantados, por la culpa y el recuerdo.
Con sonrisas en el rostro enfrentamos nuestras vidas,
nos encontramos y nuestra presencia calma la abatida.


Cuando te miro, siento que he llegado a lo correcto,
pero una pasión extraña invade todo mi cuerpo,
es el deseo por tu piel, lo que arde aquí adentro,
aún así el amor florece, en mi interior lo siento.


Querido ángel de la oscuridad,
en tus gruesas alas, el amor cálido está.
Llévame a tu campo celestial o infernal,
sí es contigo, no importa el lugar.


Cohete del ensueño

Cada día que pasa,
la penumbra se apodera de las palabras,
que habitan en mi alma.
Con el ocaso
se oculta mi ilusión
y renace la zozobra.
Su dulce aliento me desvela en las noches,
los recuerdos de mi piel,
me mantienen en constante angustia.
Los sueños se terminan, poco a poco,
porque mi alma inocente
se ha entregado a los anhelos más inabordables,
más imposibles,
soñar con aquel amor de cuentos,
en el que no hay un final,
donde la eternidad engrandece la ternura
y el tiempo no corrompe el sentir.
Pobre y absurda alma,
se sumergió en el sueño
de un sin fin de páginas,
en donde no hay más vida
que la de la imaginación.
Perdida para siempre estás
en lo profundo del abismo,
tarareando melodías de pasión,
danzando sola en los rincones,
imaginando que los ojos de tu amado
están posados en ti por siempre.
La música: tu fiel amiga,
las letras: tu posibilidad de soñar,
los recuerdos: tu vivencia,
la realidad: tu verdugo,
aquel que te invita
a ver y pertenecer,
en contra de tu voluntad
a la vida que tienes que vivir.

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