23 de noviembre de 2020

Tras Miguel Camilo Parra se escondía un monstruo.

6 min de lectura

Por Juan Andrés Gutiérrez

La obsesión por las hachas

Observamos esta semana diversas noticias, entre ellas, la agresión contra Ángela del Pilar Ferro, una mujer de treinta años, madre de un menor de 12. La noticia ha conmocionado a todo el país, una mujer agredida brutalmente con un hacha en su cabeza. ¿Pero quién es el agresor? Poco conocemos de él, pero no es necesario adentrarnos en su vida para reconocer que Ángela del Pilar Ferro convivió varios meses con un monstruo.

Algo que impresiona del caso y llama la atención, es la relación del agresor con el arma utilizada, un “Hacha”, al consultar sus redes sociales hoy clausuradas, nos encontramos con un sinnúmero de fotografías donde priman las hachas. Un ejemplo de ello son las fotografías utilizadas para promocionar sus emprendimientos, comida para perros y arena para gatos. En las fotografías se observan animales posando junto al elemento agresor, fuera de todo contexto.

Tomada de Instagram, perfil hoy clausurado.
Tomada de Instagram, perfil hoy clausurado.

Cuando veo estas fotografías solo puedo observar algo ambivalente, algo que me incomoda, es la belleza, la inocencia de los animales, junto a la violencia que irrumpe en las fotografías por medio de la hoja afilada, incrustada en esos troncos, es algo perturbador desde el inicio. El hacha en la imagen está fuera de contexto, no tiene lugar pero el agresor la incluye, esto solo me hace pensar en el monstruo que se mimetizó como pareja y amante de Ángela.  Tenía una colección de hachas en la ciudad, una de sus tiendas virtuales para mascotas la denominó en español, chalecos de madera,  en todas las fotos, los animales posan junto a un hacha afilada y junto a troncos talados, el logo de la comunidad cristiana a la que frecuentaba tiene como símbolo un martillo, fácilmente podríamos relacionarlo con un hacha, el logo de su tienda esconde un lobo que protege en su interior un hacha, los animales que observan el logo se muestran con un gesto sórdido. Pero qué es el lobo sino un depredador, un cazador ¿Y qué es el hacha? si no el símbolo del asesino ancestral, desde la antigüedad el hacha fue herramienta de caza y es el instrumento que aniquila otra forma de vida, los árboles. Para mí, Miguel es un monstruo, un monstruo que se identificó con un arma, un asesino que tenía como símbolo la violencia y la muerte

Logo de la tienda del agresor

Comunidad cristiana frecuentada por el agresor
Promoción de sus productos con hachas

Y es que en la historia de asesinos y monstruos seriales el lenguaje simbólico es algo que prima, un lenguaje inconsciente, una obsesión, una fijación con un modus operandi. Podemos encontrar en la historia diversos asesinos, ejemplo: el maníaco de Angarsk, un asesino que mataba mujeres con hachas y martillos, el hachero de Nueva Orleans,  el asesino en serie de mendigos, se paseaba con un hacha. Miguel era un monstruo en toda su expresión, un monstruo camuflado en el papel de novio, de pareja, un asesino. Su obsesión por las hachas y su manía por mostrarlas en todo lado ya nos deja un mensaje contundente.

¿Y que tiene que ver el cristianismo en todo esto?   

A Miguel Parra lo describen como un homofóbico, intolerante y cristiano acérrimo, el cual asistió a diversas iglesias, la primera, una comunidad cristiana alternativa que acogió al agresor y a la victima aproximadamente tres veces en su recinto. Antes de la agresión contra Angela, Miguel Parra estableció contactó con otra comunidad, una comunidad On-line llamada Justice no fear, poco son los datos que se conocen de esta comunidad, ya que los encargados de las redes limpiaron cada uno de los perfiles, eliminaron fotografías, contactos y toda información relevante. Sus amigos cercanos acusan a lideres cristianos de interferir en la relación e influenciar a la pareja para que siguieran conviviendo a pesar de las agresiones y el maltrato.

El gran problema con algunas iglesias cristianas es el tipo de liderazgo que ejercen sobre sus adeptos, un liderazgo nocivo que aparte de adoctrinar busca manipular y moldear ciertos aspectos de la vida, podemos nombrar un centenar de iglesias que en su actividad coercitiva y en su adoctrinamiento se asemejan a un movimiento sectario. El liderazgo en las iglesias y la influencia que ejercen sobre algunas personas y parejas es aterradora, controlando sus matrimonios, sus decisiones, sus negocios, en algunos casos el adepto tiene que contar con la aprobación del líder para proceder en ciertos aspectos de su vida. No es raro que algunos líderes hayan influenciado y normalizado el maltrato contra Ángela, ya que algunos fanáticos consideran la separación o el divorcio una medida extrema, sus argumentos provienen de leyes arcaicas del antiguo testamento y algunos pasajes del nuevo sacados de contexto.  

Pero si hacemos un sondeo nos vamos a encontrar con que algunas congregaciones cristianas, no todas, normalizan la violencia contra la mujer y acuden a argumentos de perdón, reconciliación y a una figura fantasiosa “La persona idónea”. Lo cierto es, los líderes que entablaron contacto con Ángela y con su agresor, Miguel, conocieron la situación que ella vivía, ¿Por qué no denunciaron?  Los líderes cristianos deben entender que hay cosas que le pertenecen a Dios, otras a la ley y otras a la ciencia.

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No se convierta en un monstruo

Hay que tener cuidado con los monstruos que habitan en los humanos, hay que tener cuidado de los humanos que se han convertido en monstruos. Hay que comenzar a leer el lenguaje simbólico de cada persona, hay que tener cuidado de convertirse en un monstruo, Nietzsche nos dice en una frase: «Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti».  Y son esos monstruos internos con los que el ser humano lucha día a día: la ira, la depresión, la ansiedad, la venganza, el resentimiento, el odio, los celos. Si usted lucha con monstruos o con sus propios demonios hay que tener cuidado de convertirse e identificarse con ellos. Es necesario entender que la agresión hacia cualquier persona no es normal, cualquier tipo de violencia en el hogar o en cualquier contexto necesita una intervención. Si usted lector, considera que se está convirtiendo en un monstruo con su pareja, con sus hijos, con sus vecinos, es necesario que se detenga y busque ayuda profesional, busque apoyo psiquiátrico, psicológico. Si usted querido lector/a es víctima de un monstruo es tiempo de correr, de huir, sin pensarlo dos veces, es tiempo de buscar ayuda profesional, es hora de huir del abismo y de sanar sus heridas. Mañana puede ser muy tarde.


Juan Andrés Gutiérrez: Poeta, escritor, gestor cultural (Director de hoja negra) Docente de artes plásticas, Licenciado en educación artística, especialista en gerencia de instituciones educativas, psicólogo en formación, gestor cultural. Autor del libro: Bilis Negra (2014) y el destierro de la vida (2018) lanzado en la feria del libro 2019, sello editorial hoja negra. Invitado al 5 festival de literatura de Bogotá y a la feria del libro 2019, director de tribus urbanas para el concurso de cuento y poesía pacifista adscrito a la marcha mundial por la paz – Nueva Zelanda (2009), ganador de la cuarta mención literaria editoriales Cean Argentina, creador del café literario en la universidad la Gran Colombia, Gestor de eventos culturales desde el 2008 en diversos escenarios y centros culturales. Director de los colectivos: Recitales góticos (2008), Poesía independiente (2011), Hoja Negra (2018).

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