23 de noviembre de 2020

Selección poética de Luisa Fernanda Trujillo

4 min de lectura

Poeta y docente universitaria. Vinculada al programa de Creación Literaria de la Universidad Central de Bogotá. Tiene tres obras poéticas publicadas: De soslayo, prendada, publicada por la Fundación Palabra a tiempo, (2010), Trazo en sesgo la noche, publicada por Universidad Externado de Colombia, (2012), En tierra, el pájaro olvida cantar, publicada por Raffaelli Editore, (2017). Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés e italiano, publicados en revistas y magazines de Colombia, México, España, Italia y Colombia.


Quise su boca

Atrapar todas las lenguas

Quise sus dientes

Afilar una a una las palabras

Quise su piel

Vestir de tarde ante la lumbre

Quise sus piernas 

Eclipsar el día entre las mías

Quise su risa 

Llené cada ahogo en mi garganta


Esperé, esperé entera su regreso

pero el llano se tornó pequeño

en medio de un bosque que ocultó la noche

En cada casa una veladora llora su pabilo

Yo, mis uñas, ajadas de tallar los días en maderos

de recoger las hojas de las plantas al caer rendidas

ante la inutilidad del agua que las riega

Esperé, esperé tanto y por tanto tiempo

que el zumbido de las moscas se hizo música alrededor

y el aire cobijó el insomnio

Esperé tanto y por tanto tiempo

que perdí la cuenta de los días

agoté la piedra que me sirvió de improvisado ábaco

y apagué en mis ojos el fuego que ardió en ellos  


Entrada en calma la tormenta

los vientos se alejan

la distancia se hace más distante aún

se olvida el olor del aire

como se olvida el del agua

y el color del fuego deja de quemar

Ha pasado la tormenta 

En el zaguán

un equipaje sin aduana

aguarda su destino

Unos pasos

alguien quien los calce


Extraje de la tierra la raíz del roble
Destilé de sus flores el dulce de la miel
y empaqué en frascos lo que imaginé elixir
cincelado por los picos de los pájaros.

Con sus hojas hice un lecho al borde de la roca
Solía contar bellotas de una en una
Amanece el canto de las ranas en el río
Muge el paso del agua por la escorrentía
En el río las ranas ahogan los picos de los pájaros
Quedo sin su amparo ante la lluvia
Húmeda la piel será musgo a las alas de las moscas
Aposento de líquenes a las raíces de la orquídea



¡Qué es la tierra cuando entre maleza nacen los ojos de los muertos!
¡Qué es el agua cuando la transparencia enturbia el rojo de la sangre
el vivo brazo que rema, el bote que agolpa en la orilla el deceso de las olas!
¡Qué es el aire cuando a lo lejos la llanura aprieta en su lomo la lluvia
y carga a cuestas las piernas de los cuerpos mutiladas!
¡Qué es el fuego cuando en la piel tostada por el sol
arde una llama lanzada desde lejos!


… y con mis párpados cubriré sus ojos
para que la muerte no queme sus pupilas
Dejaré desnudos los míos, a la vista de los cuervos
para que en cada picotazo el hambre se sacie
y la muerte acicale sus formas
en el festín de haber sido
una sola ave
que sirviera de espejo a su vestido



Si no hubiera guerra ni humo que cubriera de ceniza el campo
tomaría los leños apagados a destiempo en cada fuga
haría de una cerilla el símbolo de lo que fue un incendio
volvería a mirar a las lechuzas sin la compasión del insomnio de los búhos
y dejaría crecer el cabello a las muñecas de la infancia

Si la guerra no hubiera llegado a mí
como llegó en la noche clandestina de una toma
dormiría desnuda entre los pastizales
dejaría a las lagartijas hacer cosquillas en mis muslos
y sembraría de flores los nombres de los muertos

Si la guerra no hubiera sorprendido nuestras bocas la noche de los besos
ni hubiera sellado las palabras en medio de las balas
tu voz se escribiría en las paredes de las calles
y no sería rojo sangre su tintura



Ha muerto el pájaro aquél que copulaba con el viento en la mañana
Su vuelo había olvidado el Norte
A diario picoteaba el vidrio en mi ventana
De traspasar el vientosus plumas se desmadejaban sobre el pavimento
Sus patas, de repujado cuero
habían asimilado el gris de la lluvia ácida
Ha muerto el pájaro aquél que copulaba con el viento en la mañana
Lo descubrí a la madrugada, al pie de la cornisa
El sereno congelaba en sus ojos el rocío
Su pico astillado apuntaba a mi ventana

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