29 de septiembre de 2022

Hoja Negra

Poesía para la nuevas generaciones

Salmo de la gloria: A la Sombra del Laurel por José María Vargas Vila

2 min de lectura

Vuelvo los ojos con encanto, a los parajes del llanto,

donde florecieron los jardines de la Desolación…

donde se abrieron las rosas de mi Crucifixión…

en ese huerto de mi Martirologio,

crecieron, es verdad, las rosas del Elogio ;

hicieron una floración magnífica, sobre

los parajes de la Retórica ;

eran bellas ; pero no las amé, y no las

amo, porque odié y odio, toda forma de

Reclamo…

no sé por qué me pareció ver, dormido

en su cáliz, el gusano de la Perfidia ;

preferí aquellas que me ofreció la envidia ;

tan pálidas, tan anémicas, a pesar de

ser envenenadas y coléricas…

eran crueles y bajas y rastreras ;

¡pero eran tan sinceras!…

y, yo amo la Sinceridad, por sobre todas

las cosas de la Humanidad ;

yo amé aquellas rosas, rojas como el puñal de Harmodio,

que me ofrecían temblando, la Cólera y el Odio ;

en mi existencia, las más amadas mías,

fueron las rosas de la Violencia, y las de

las más profundas melancolías…

hubo otras negras, como el Abismo ; las

rosas de mi Ostracismo ;

otras, fueron como hechas de esmaltes,

en una maravillosa combinación ;

parecían rencorosos gerifaltes, posados

en los puños y, en los hombros, de la estatua de un Faraón ;

fueron las rosas cruentas, las rosas de

las afrentas, aquellas con que todas las

virtudes de las multitudes, y todos los

deseos de los fariseos, me adornaron como

a un Cristo, apenas entrevisto en las idealidades

del Futuro, y el cual hubiese hecho el gesto de libertarlos ;

las manos de aquellos publícanos, hicieron

el Milagro de la Transfiguración de

las Rosas ; sobre el Agro, y sobre mi frente,

las hicieron sonoras y escandalosas ;

y, se vio en mi corona de martirio, uno

como delirio de vegetación, pues cada hoja,

se hizo una rosa roja, perfumada de

Sándalo ;

las rosas del Escándalo ;

las rosas del Ultraje ;

las rosas del Insulto ;

aquellas con que el canalla] e estulto me

coronó ;

ésas, las amo yo ;

amo esas rosas brutales, que semejan

cardos, más que las rosas sentimentales

y, la caricia de ámbar de los nardos, con

que Hadas líricas, coronaron mis horas

románticas, poniendo sobre mi cabeza, la

corona obsesional de la Tristeza…

¡traedme mis rosas trágicas, mis rosas

melancólicas, aquellas que adornaron mi

Calvario…

que ellas me sirvan de sudario…

y, se extiendan después, salvajemente,

cubriendo mi sepulcro solitario! . . .