26 de septiembre de 2022

Hoja Negra

Poesía para la nuevas generaciones

Poemas de Mario Andrés Arcos Guerrero

3 min de lectura

Maestro en artes visuales. Colombia. Interesado en la relación entre arte y literatura ha publicado ensayo y narrativa en: Periódico Poético – hostal literario en Tecpan Edición No. 6. (México). 2021. Fanzine Kozmonauta Vol. 12. (México). 2021.

Sus propuestas plásticas han sido expuestas en galerías virtuales y publicaciones culturales. Expositor Bogografo Distrito Cultural No. 3. Ciudad extendida. (Colombia). 2021. Carta Abierta Galería. Exposiciones en Confinamiento, (Colombia). Julio.2020. Fanzine Digital Memorias de Pandemia. (Colombia). Noviembre de 2020. Galería Espacio Cinco33. Reflexiones a través de la ventana (Colombia). Noviembre de 2020.


POEMAS


F O T O G R A F Í A S

1.

Como aves; los ojos hienden la hermosa vista en un vuelo superficial. Lentamente descienden sobre las curvaturas del cuello, anidando entre la concavidad de los hombros, la clavícula.

Son ojos inútiles, que intentan aliviar la leve opresión de una tira textil sobre la adorable piel. Se enredan y bajan reptantes hacia los antebrazos, acarician y se vivifican sobre las manos, y florecen sobre las yemas de los dedos, húmedos largos, delgados.

Los ojos inútiles abrazan la blancura del vientre y luego ascienden para hundirse entre una eternidad de olas negras, abundantes. Únicamente para caer de nuevo y llover, sobre las flores.

Hay otros ojos que ahora están ennegrecidos y otras veces ojos, como alas de mariposas, ojos como ojos “muchacha ojos de papel”, adorados, dibujables que se cierran y se entreabren y hieren la vista con luz.

2.

Cargados de sagrada obscenidad, pensamientos lúbricos se tornan tiernos a veces; luminosos, siempre. Los sentidos se hunden en lo más hondo de olas de tinieblas ondulantes. Se entornan los ojos, que se vuelven blancos, síntoma o deleite de imaginar el aroma y la piel, la clavícula, el peso y la densidad de los santos montes; las llanuras, los valles y esas apófisis que sobresalen para reverenciar a los dioses.


F R Í O

No hay jóvenes fumando marihuana en la placita del Copérnico. Pequeños riachuelos recién nacidos descienden alegres e intentan encontrar su desembocadura en riachuelos más grandes que se han formado en la calle.

Grupos anónimos de gente se escampan en las puertas de El Planetario. Debajo de las sombrillas de los puestos ambulantes, las vendedoras dejan salir condensadas nubes de un vapor aromático.  Sobre las calles mojadas el transitar de las llantas de los carros emite un ruido húmedo que pareciera incrementar el descenso de la temperatura.  

Entre la gente que camina deprisa hacia su destino, un habitante de calle empapado y ennegrecido vocifera en contra del gobierno de los hombres.

Desde lo alto y detrás de unas gruesas telas hecha de nubes amarillentas, un sol mortecino mira hacia la ciudad. 

Una vez ha entrado en la estación de San Diego intenta secarse los brazos. Pasa las manos sobre las extremidades para quitarse el exceso de agua. Baja la rampa y saca de su bolsillo la billetera dónde tiene la tarjeta pasaje. Cuando vuelve a guardar la billetera. se da cuenta. Sus manos ahora son del mismo tamaño que las manos de su padre. 


S O M N O L E N C I A

La ensoñación se interrumpe cuando pequeñas gotas de lluvia le caen del pelo.

Para no mojar a la mujercita que va sentada debajo suyo se mueve un poco hacia atrás. Anclado en 1990, mares de tiempo lo desbordan. En forma de lluvia pedazos de memoria caen y lo sorprenden; y una larga aguja transparente le atraviesa el corazón alucinado. Al llegar a su casa cae como en un trance. Tras largas horas de psicografías intenta dibujarla de nuevo.

                                                                                 Mario Andrés Arcos Guerrero

                                                                                                                           2021