11 de mayo de 2021

Poemas de Javier Heraud “El Rimbaud peruano”

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Javier Luis Heraud Pérez-Tellería poeta, profesor y guerrillero peruano.  Nace en Lima el 19 de enero de 1942 – muere en Madre de Dios el  15 de mayo de 1963 baleado por la guardia republicana, 19 balas “Dum, dum” penetraron su cuerpo, muere a los 21 años.

En su niñez muestra grandes habilidades en el estudio, ocupa el segundo puesto de su promoción en el colegio Markham, primer puesto en la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1958, ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1960.

En 1960 con tan solo 18 años publica El río, Su libro El viaje obtuvo es galardonado en la primera edición del Premio El Poeta Joven del Perú.


POEMAS


 

Los visitantes de la noche

    Me has dado de beber
    en tus manos el agua
    que sale de la fuente,
    la fuente para aplacar,
    mi sed de caminante,
    mi sed que corría por
    los campos cubiertos y
    tejidos de sol,
    la fuente para calmar
    mi sed de vida y muerte.
    mi sed de tus manos frescas,
    la fuente clara,
    la fuente que reía con Machado,
    la fuente que me adentraba con sus besos
    Esta fuente ha llenado de piedras
    mi seco corazón,
    la fuente y tus manos.
    el agua que me ofreciste
    a beber aquella tarde de
    Pájaros entre el desierto,
    la fuente y la piedra,
    el amor destruye como la muerte,
    el amor llena de agua fresca mi
    rostro y mi aliento,
    la fuente como un día en tus manos,
    la fuente de la tarde y de la noche,
    la fuente y mi sed,
    tus manos y la fuente de la tarde.


 Imagen nueva

                    Para  Armando Zubizarreta

       A veces me parezco un poco
       a la imagen de la muerte
       que mi madre descubría
       entre sus cuentos.
       Con mis ojos hundidos y
       mis manos señalando
       blancas calles
       me suelen confundir
       con la muerte devoradora,
       y entonces,
       para jugar,
       penetro en algunas
       casas,
       aliviando a carpinteros y
       artesanos del dolor,
       cogiendo tierras
       y hundiéndolas
       en el mar.
       Soy la muerte a ratos,
       y a ratos conservo mi belleza
       y mis vestimentas
       y asusto perros, gatos,
       y al final,
       como siempre,
       a la higuera estéril y solitaria
       la quemo con el rayo de mis manos

                                25, Octubre, 1960


Krishna o los deseos
 

                                        A. C. B., interminable amigo.

                                        Keshava, ¿con qué objeto mataría
                                        a los míos? No deseo la victoria,
                                        los reinos ni los placeres.
                                                                         Bhagavad-Gita. I, 31
 
 

                      I

    No deseo la victoria.
    La victoria es siempre pasajera,
    no queda después  sino la muerte,
    el regocijo, el gozo falso de la vida:
    una hierba caída sobre el hombro,
    un refugio que aguarda su retorno,
    un escondido llanto después de la
    batalla y la victoria.
    Un vaso palpitante,
    un cuerpo en perpetuo movimiento,
    un cenicero vacío eternamente
    son más efímeros quo la victoria,
    efímera y vana, cansada y agotante.
    Difícil es remar a  remo suelto,
    difícil llenar el vaso lleno,
    difícil cambiar el tiempo ajeno.
    No deseo la victoria ni la muerte,
    no deseo la derrota ni la vida,
    sólo deseo el  árbol y su sombra,
    la vida con su muerte.

    II

    No deseo los reinos.
    Un reino es siempre mensurable:
    tantos metros y distancias,
    tantos bueyes y caballos lo
    separan de otros reinos pasajeros.
    No deseo ningún reino:
    mi único reino es mi corazón cantando,
    es mi corazón hablando,
    mi único reino es mi corazón llorando,
    es mi corazón mojado:
    mi reino es mi seco corazón  (ya lo dije)
    mi corazón es el único reino
    indivisible,
    el único reino que nunca nos traiciona,
    mi reino y mi corazón,
    (ya tengo el corazón)
    no deseo los reinos si tengo mi
            pecho y mi garganta,
    no deseo los valles ni los reinos.

    III

    No deseo los placeres.
    No existe el placer sino la duda,
    no existe el placer sino la muerte,
    no existe el placer sino la vida.
    (El mar lavará  mi espíritu en las arenas,
    lo lava todos los días en el recuerdo,
    lo ha lavado con palabras,
    el mar no es un placer sino una vida).
    El mar es el reino de la soledad y el naufragio.

    IV

    No deseo sino la vida,
    no deseo sino la muerte.

    V

    Descansar en el valle
    que baña el río todas las tardes,
    en las arenas que cubre el. mar
    todas las noches,
    en el viento que sopla en los ojos,
    en la vida que alienta ya sin fuego,
    en la muerte que respira el aire lleno,
    en mi corazón que vive y muere diariamente.

                                  Noviembre, 1960.


 Poema
 

    El valle de
    Tarma es grande.
    Pero más grande
    es mi corazón
    cuando lo miro,
    pero más amplio
    es mi pecho cuando
    aspiro aire, y aire,
    cielo y cóndor,
    martes y jueves,
    más grande que el
    río es el hombre,
    más grande que el
    valle son los ojos
    de tantos caminantes
    de costado.
 
 


 

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