28 de octubre de 2020

La montaña está sufriendo ¿Quién la cuidará?

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Por Juan Andrés Gutiérrez

Cuando comencé a viajar, cuando inicié a recorrer algunos senderos ancestrales me motivó el hecho de encontrarme con la sabiduría de la naturaleza, con mis antiguos ancestros, con mis abuelos que viven y perduran rompiendo las manecillas del tiempo.

Mis pasos se hicieron ligeros, arribé a distintos lugares cercanos o distantes de la ciudad, recorrí las leyendas muiscas que habitan en bellas lagunas, en escarpados montes y en valles hoy desaparecidos. De todas las montañas solo una me acogió en sus brazos, solo una guardaba la sabiduría impenetrable que hoy está en peligro.

Hablo del cerro o la montaña de las tres viejas ubicado en Sesquilé, Cundinamarca, una montaña con tres picos, los cuales forman el rostro de indio acostado, una montaña que en su falda alberga el cabildo Muisca, levantado y construido por el líder comunal Carlos Mamanché. Hoy desaparecido, Carlos Mamanché fue un hombre como muchos otros, nacido y criado en Cundinamarca en el seno de una familia humilde. Muchos lo tildaron de chaman o brujo. Lo cierto es que Carlos Mamanché tuvo contacto con diversas tribus del putumayo y fue entrenado en la selva bajo la sabiduría de los árboles y los caminos de piedra.

Vista desde la tres viejas. Foto de Juan Andrés Gutiérrez

En Sesquilé los aportes de Mamanché dieron vida a la leyenda de la montaña, a la creación y consolidación del cabildo, pero lo más importante, sus aportes crearon conciencia en la comunidad de Sesquilé, una comunidad que lleva con orgullo su sangre indígena, su sangre muisca.  Muchas cosas tendría que contar de una montaña que para mí es sagrada, pero los anales de la historia nos mostraran un bello suceso. Los abuelos de la Sierra Nevada de Santa Marta recorrieron el sendero de las tres viejas hace unos años en compañía de los abuelos muiscas y de Carlos Mamanché, uno de los abuelos que acompañaba el trayecto era Aruawicogumu Yosatana y el abuelo Goyo, ellos recorrieron la montaña en una caminata sagrada, ofrecieron pagamentos y hallaron el lugar donde habitan los buenos espíritus, los espíritus de la naturaleza. Cuentan que el abuelo Goyo se detuvo y conversando en su lengua nativa les enseñó el significado del árbol que nace de la roca, el lugar de pagamento. Los abuelos arawakos y muiscas ofrecieron espigas a la gran piedra. Después se dirigieron al páramo, a Guatavita y en la laguna hicieron pagamentos a los espíritus del agua.

Carlos Mamanché y hermano mayor de la Sierra Nevada. foto recuperada de flickr comunidad indigena muysqha

Los aportes de Mamanché están vinculados con la recuperación de las huellas ancestrales y la tradición oral Muisca. Observar el cabildo, su estructura, los lugares sagrados, los centros de tejido cuentan al detalle la dedicación y elaboración del epicentro de una cultura, de un centro espiritual. Pocos saben que la falda de la montaña resguarda unos monolitos que en las primeras eras de la nación chibcha sirvieron como un observatorio. La montaña guarda montículos y otros secretos, eso lo sabemos gracias a la voz apagada de Carlos. Una muesca en la montaña alineada con los montículos da paso a los solsticios de invierno y de verano, la comunidad de Sesquilé inauguró el observatorio en el año 2011 con la llegada de los hermanos mayores de la Sierra. Contaban los abuelos, los abuelos mayores, que la tierra de Sesquilé especialmente la montaña de las tres viejas fue un centro espiritual donde habitaron sacerdotes dedicados a la ofrenda y a la observación de los astros.

Montículos. foto tomada por Juan Andrés Gutiérrez

Pero la montaña de las tres viejas está olvidada y temo que corra la misma suerte que otros epicentros muiscas, tal es el caso de Juaica en Tabio. Una hermosa montaña devastada por la inclemencia de la multitud que se agolpó a sus anchas en busca de mitos, de ovnis y de ensueños, pero esa es otra historia.  La montaña sufre y sufre por la devastación a manos de la agricultura, la siembra en su parte posterior. Recuerdo cuando las tres viejas me acogieron, ascendí en soledad hasta su pico, era hermoso ver una montaña virgen, bella y sagrada, esa vez en el interior escuché tambores y cantos indígenas. Hoy, parte de la montaña está herida, arrancaron, mutilaron su vegetación y expusieron la tierra, sus entrañas, le queda poco tiempo a la montaña que conocimos, le queda poco tiempo a la montaña que nos acogió, tengo miedo de mirar mi montaña y de verla sin un árbol, sin una flor, desnuda y sin abrigo.

Ante una historia tan bella que involucra la consolidación de un cabildo, la recuperación de la tradición oral y los antecedentes ancestrales que guarda Sesquilé, no entiendo porqué la gobernación, los entes territoriales no han recuperado y preservado ese legado indígena que le pertenece a cada habitante de Cundinamarca y Boyacá; pero no es de extrañarnos que toda la historia quede en el olvido y que a pocos nos importé. Si pudiéramos observar a nuestros hermanos indígenas nos encontraríamos con el abandono y la exclusión del estado. Otro gran culpable es la esquizofrenia de la sociedad colombiana, una sociedad a la cual le fue amputado su pasado. Primero, la educación colaboró en esa amnesia en la que viven los residentes del país del sagrado corazón, la educación eliminó la historia de las aulas, en ese momento perdimos las huellas, nuestro norte. Otro factor que colaboró con el distanciamiento de la sociedad actual y nuestras raíces son los años y años en que el pueblo colombiano se ha visto envuelto en oleadas de violencia y derramamiento de sangre. Lamentablemente las balas aniquilaron a un centenar de lideres y conocedores de la historia indigena.

Mi llamado es a que la colaboración de Carlos Mamanché no quede en el olvido, esa hermosa montaña no debe morir y es deber de todos ser guardianes de nuestro pasado, de nuestro patrimonio. Sesquilé guarda una joya invaluable que va a ser condenada al olvido si no hacemos algo, si no detenemos la destrucción de nuestro ecosistema. Un llamado para la Alcaldía de Sesquilé: parte del turismo sustentable es preservar las narrativas, las tradiciones y los lugares que para una comunidad ancestral representan un lugar sagrado. Es hora de apropiarse y de cuidar los tesoros que guarda la montaña.

Foto tomada por Juan Andrés Gutiérrez

Lamentablemente la vida de Carlos Mamanché se apagó de una forma extraña, su cuerpo fue encontrado el día 7 del mes 7 del año 2007 con una lezna en la cabeza, se dicen muchas cosas del hombre que luchó por preservar las raíces de un pueblo. Su muerte navega en el misterio, se dice que antes de morir fue a la funeraria a cotizar un ataúd y abrió un hueco en las faldas de la montaña donde deseaba ser enterrado.  


Juan Andrés Gutiérrez

Juan Andrés Gutiérrez es poeta y gestor cultural, director de hoja negra, docente de artes plásticas. Licenciado en educación artística, especialista en gerencia de instituciones educativas, actualmente cursa su segunda carrera profesional en psicología.

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