14 de junio de 2021

EL QUE BEBAS COMO BUKOWSKI NO TE HARÁ ESCRIBIR COMO BUKOWSKI

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Por Juan Andrés Gutiérrez

Para acercarse a la poesía es necesario desnudarse, arrojar las máscaras, abandonar el falso yo, entender que la vida de los poetas no es un común denominador, no existe una regla, la poesía no es una tribu urbana, nadie te dicta como vivir, como comportarte. Lo curioso es que muchas personas conciben o tienen una idea errada del poeta, lo ven al estilo Bukowskiano, un ebrio en caza de mujeres, un maldito y obsceno; y está bien, Bukowski es grande desde donde lo observemos, pero seamos sinceros, nosotros no somos Bukowski, no llegaremos a escribir como Bukowski así nos atragantemos con cien litros de aguardiente.  

Si todos los borrachos fueran poetas, el señor Jacinto, el mecánico de la esquina escribiría unos versos fabulosos, el señor Gonzalo, el chofer del tráiler que digiere aproximadamente dos canastas de cerveza escribiría los poemas más dulces al estilo Benedetti a la sazón de la fritanga, la lechona y la morcilla. Seamos realistas, podemos pasearnos con una botella en la mano, emborracharnos todos los viernes y hablar de los grandes escritores del siglo de oro, pero la verdad, no seremos buenos.

Bukowski como otros poetas construyeron un estilo de vida, construyeron una escritura acorde a los acontecimientos sociales y morales de la época, su estilo de ruptura es el mismo que embarga el corazón de los Beat, rompiendo y dirigiendo toda su fuerza, buscando quebrantar las leyes impuestas por la iglesia, la sociedad conservadora etc. Tal es el caso de poetas acogidos en el seno de Kerouac como Gingsberg, Neil Cassady, Burroughs y Carl Salomón.  Poetas que le abren paso al movimiento hippie experimentando las drogas psicodélicas y rompiendo los cánones de la poesía. Pero no es necesario mirar tan lejos, en nuestro país un movimiento de vanguardia como el nadaísmo rompió los cánones poéticos de la época que permanecían salvaguardados por algunos círculos poéticos que pertenecían a una elite. Sus poemas fueron un grito de protesta contra la falsa moral de la iglesia, de la sociedad y de la clase política.

Cada movimiento dio respuestas a su contexto, cada poeta vivía acorde a su realidad social y psicológica, por eso debemos cuestionarnos sobre nuestra realidad social, nuestra realidad personal y nuestra realidad psicológica. Escribir poesía va más allá de beber un vaso de whisky, fumar marihuana, visitar las putas del santa fe o adoptar ciertas poses en los recitales poéticos. En ese caso deberíamos dejar de ver la vida fantasiosa del poeta y ver la vida oculta, esa vida que nadie nombra, esa vida que no está ante las cámaras, ante los focos, esa vida que no está en boca de la multitud. Bukowski era un poeta dedicado; para escribir el arsenal de poemas y obras que nos dejó en nuestras bibliotecas debió dedicar mucho tiempo al ejercicio de la escritura, eso quiere decir noches enteras ante una máquina de escribir, claro, bebiendo, pero escribiendo. Lo que no podemos creer hoy en día es que el ejercicio de la poesía vive en los bares, en las tabernas, en la botella, en la puta, en la calle, en la rumba, pero no en la disciplina que debe tener todo escritor. MI pregunta es ¿Cuánto tiempo le dedicas a la lectura? ¿Cuánto tiempo le dedicas a la escritura? Vamos, no eres grande, ni serás grande si no tienes disciplina. Uno de los escritores latinoamericanos que marcaron un antes y un después en la literatura, Roberto Bolaño, nos decía que la poesía a veces era un gesto juvenil, un gesto adolescente y si lo entendemos bien y estudiamos su afirmación le hallaremos la razón. La poesía para algunos es una transición, escribir unos cuantos poemas a su novia, buscar reconocimiento, fama o apropiarse de vidas y experiencias legendarias, en otros casos la experiencia de la poesía se reduce al ego, la poesía no se torna una herramienta se torna simplemente una muleta en la cual descargan su baja autoestima, es por eso por lo que Nicanor Parra nos dice “La poesía es el paraíso del tonto solemne”.

Observemos, debemos observar a Kerouac el padre de los Beat, muere en su propia ley, alcoholizado al extremo, pero su vida desaforada nunca opacó su disciplina al escribir, sin esa disciplina no conoceríamos su obra insignia “En el camino”, sin esa disciplina no conoceríamos los vagabundos, Big sur, los subterráneos, desolation angels, visiones de Cody.  Sin esa misma disciplina Bukowski no hubiera escrito 6 novelas, 13 cuentos, 8 ensayos y diarios, 38 recopilaciones poéticas, 6 apariciones en pantalla y documentales y 6 adaptaciones cinematográficas.  Bukowski era un grande, un gran poeta, no porque se emborrachaba, no porque tenía aventuras a diestra y a siniestra, era un grande porque su pasión por la poesía nunca se detuvo, bien lo decía el poeta  

“Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.”

Bukowski

Es sencillo y es algo que se observa en los recitales, las personas dejan la disciplina, abandonan la escritura, no leen, pero creen que ser poeta es beber, acosar mujeres y escribir letras reguetoneras en la primera línea del poema. Observemos a los grandes, a los grandes bardos, tal es el caso de Freddie Mercury, un genio de la música consumido por el exceso, consumido, pero nunca abandonó la música, al final de su vida se encerraba 12 horas diarias en un estudio a componer y a interpretar, un grande que tocó el cielo con su voz majestuosa, el gran Farrokh Bulsara, lo único que pedía en sus últimos momentos de vida era componer, cantar, no importaba el dolor navegando sus venas, no importaba la sentencia del VIH, Mercury nos dice en su canción Mother Love :

“No quiero dormir contigo
Tampoco necesito la pasión
No quiero un romance tormentoso
que me haga sentir que mi vida se dirige a alguna parte
Todo lo que deseo es comodidad y descanso
Tan solo saber que mi chica me da dulce amor de madre

Caminé mucho tiempo en esta línea solitaria
He tenido bastante de este viejo juego siempre igual
Soy un hombre del mundo y dicen que soy fuerte
Pero me pesa el corazón y mi esperanza se ha ido

Fuera en la ciudad, en el frío mundo exterior
No deseo compasión, solo un lugar seguro para ocultarme
Madre por favor, déjame volver dentro de ti”


Juan Andrés Gutiérrez: Poeta y escritor (Director de hoja negra) Docente de artes plásticas, licenciado en educación artística, especialista en gerencia de instituciones educativas, psicólogo en formación, gestor cultural. Autor del libro: Bilis Negra (2014) y el destierro de la vida (2018) lanzado en la feria del libro 2019, sello editorial hoja negra. Invitado al 5 festival de literatura de Bogotá y a la feria del libro 2019, director de tribus urbanas para el concurso de cuento y poesía pacifista adscrito a la marcha mundial por la paz – Nueva Zelanda (2009), ganador de la cuarta mención literaria editoriales Cean Argentina, creador del café literario en la universidad la Gran Colombia, Gestor de eventos culturales desde el 2008 en diversos escenarios y centros culturales. Director de los colectivos: Recitales góticos (2008), Poesía independiente (2011), Hoja Negra (2018).

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