26 de septiembre de 2022

Hoja Negra

Poesía para la nuevas generaciones

Amor, carne y un cerebro en acción: Poemas de Nahui Olin.

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La mujer más libre y apasionada del arte mexicano, María del Carmen Mondragón Valseca. Desde los diez años nos envuelve en sus composiciones cíclicas de poderosa redundancia, y pasaría toda su vida, en sus letras y sus pinturas, reconociéndose, retratándose y demostrando que no es solamente fue la mujer más bella de su tiempo, sino la más libre artista que México ha conocido, porque más allá de sus cautivadores ojos verdes existe una genialidad creativa y un amor por la ciencia. Como pintora y escritora tiene un tema común: la libertad del ser femenino; consciente de que ser mujer es una conjunción compleja y densa de cuerpo y espíritu, o en sus palabras: de amor, cerebro y carne.

“¿Quién te agita, oh, espíritu mío? ¿Es el amor? Es la sed feroz de comprender, de saber más hasta llenar el inmenso vacío, hasta sobrepasarlo completamente. Tú amas, tú crees amarlo todo y nada te basta. Quieres sumergirte en los pensamientos de Pascal, Voltaire, Renan, Platón y Aristóteles para saciar tu razón, para practicarla, para engrandecerla, para animarla de una vida que le es necesaria, para demostrarle que el pensamiento humano es infinito, que ella puede seguir aprendiendo, sabiendo, sintiendo, razonando, que nada le bastará, y que al final de mi carrera no habrá aprendido, sabiendo lo que habría podido aprender. Quiero vaciar en mí misma hasta los últimos jugos de las bellezas del arte de las obras humanas; sí, quiero sentir lo que todos han sentido. Después de haber aprendido hay que aprender, siempre. Me moriría de dolor si se me privara de esta vida intelectual, de toda fuente de filosofía, poesía, juicio, estudio, razonamiento; seguramente moriría disecada como una planta sin aire”.


“Mi espíritu y mi cuerpo tienen siempre loca sed de esos mundos nuevos que voy creando sin cesar,/ y de las cosas,/ y de los elementos,/ y de los seres que tienen siempre nuevas fases bajo la influencia de mi espíritu,/ y mi cuerpo,/ que tienen siempre loca sed,/ inagotable sed de inquietud creadora que juega con los mundos nuevos que voy creando sin cesar y con las cosas que son una y que son mil,/y con los elementos,/y con los seres que me dan insaciable sed y que no sé si tienen algo de sangre, /algo de carne /o algo de espíritu,/ que sirven de juegos intermitentes a la sensibilidad de mi materia, /y mi espíritu tiene siempre loca sed, /pero loca sed de él mismo, /de crear, /poseer /y destruir con otra creación de mayor magnitud que la que destruyó /y mi espíritu tiene loca sed que nunca se extinguirá porque su personalidad única no permite comunión o posesión alguna de igual magnitud/ y en vano,/ en esos mundos nuevos que voy creando sin cesar en las cosas, /en los elementos, /en los seres les propaga voluptuosamente caricias de apreciación exterior, /las penetra, /las palpa en su carnosidad y las muerde hasta beber su sangre sin conseguir más que una grande locura de insaciable sed/ y de esa sed admirable nace el poder creador, /y es fuego que no resiste mi cuerpo,/ que en continua renovación de juventud de carne /y de espíritu/ es único/ y es mil,/ pues es insaciable sed/ y mi espíritu,/ y mi cuerpo tienen siempre loca sed.”


“La noche para mis ojos se ha acabado, las tinieblas de mi inteligencia se han transformado en luz transparente, ella es hija de corazón, de espíritu, de edad, la pasión ardiente, la esperanza, la ilusión y el amor sobre todo me enfurecen como un formidable huracán en medio del desierto. Ahora que percibo que sufro y soy sensible a todo, tengo sed de todo lo que es bello, grande y embriagador. Con un ardor extremo, una ilusión loca de juventud y de vida, quiero hacer vibrar mi cuerpo, mi espíritu hasta los últimos sonidos”.


Carta a Dr. Atl

“Para mí, para ti, ya no habrá ayer ni mañana –para nosotros dos sólo hay un solo día: la eternidad del amor y un solo cambio: más amor –amor que se transforma en más amor, donde no hay ayer ni mañana, sólo un espacio infinito –un día donde la noche no existirá sino para amarnos –una noche que será más luminosa que el día mismo cuando nuestras carnes se junten- es nuestro destino”.