28 de octubre de 2020

7 poemas de Leopoldo María Panero

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20.000 Leguas de viaje submarino

Como un hilo o aguja que casi no se siente
como un débil cristal herido por el fuego
como un lago en que ahora es dulce sumergirse
esta paz que de pronto cruza mis dientes
este abrazo de las profundidades
luz lejana que me llega a través de la inmensa lonja

de la catedral desierta
¿quién pudiera quebrar estos barrotes como espigas?
déjame descansar en este silencioso rostro que nada exige,
déjame esperar el iceberg que cruza callado el mar sin luna,
deja que mi beso resbale sobre su cuerpo helado
cuando alcance la orilla en que sólo la espera es posible,

déjame besar este humo que se deshace
este mundo que me acoge sin preguntarme nada

este mundo de titíes disecados
morir en brazos de la niebla
morir sí, aquí, donde todo es nieve o silencio
que mi pecho ardiente expire tras de un beso a lo que es sólo aire
más allá el viento es una guitarra poderosa pero él no nos llama,
déjame entonces besar este astro apagado traspasar

el espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es posible,
donde sólo unos labios inmóviles
                                       ya no dicen o sueñan,
y recorrer así este inmenso Museo de Cera deteniéndome
      por ejemplo en las plumas recién nacidas
o en el instante en que la luz deslumbra a la crisálida
y algo más tarde, la luna y los susurros,
y examinar después los labios que fulgen
cuando dos cuerpos se unen formando una estrella
y cerrar por fin los ojos cuando la mariposa próxima a caer

sobre la tierra sorda quiere en vano volver sus alas hacia lo verde
que ahora la desconoce.


El noi del sucre

Tengo un idiota dentro de mí, que llora,
que llora y que no sabe, y mira sólo la luz, la luz que no sabe.
Tengo al niño, al niño bobo, como parado en Dios, en un dios que no sabe
sino amar y llorar, llorar por las noches por los niños,

por los niños de falo dulce, y suave de tocar, como la noche.
Tengo a un idiota de pie sobre una plaza
mirando y dejándose mirar,

dejándose violar por el alud de las miradas de otros,

y llorando, llorando frágilmente por la luz.


Tengo a un niño solo entre muchos, as a beaten dog beneath the hail,

bajo la lluvia, bajo el terror de la lluvia que llora, y llora, hoy por todos,

mientras el sol se oculta para dejar matar,

y viene a la noche de todos el niño asesino
a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo
de no saber sino tan sólo ahora por qué y cómo matar,

bajo la lluvia entera,
con el rostro perdido y el cabello demente
hambrientos, llenos de sed, de ganas de aire, de soplar globos como antes era,

fue la vida un día antes
de que allí en la alcoba de los padres

perdiéramos la luz.


Himno a Satán

     Tú que eres tan sólo una herida en la pared y un rasguño en la frente
que induce suavemente a la muerte:
tú ayudas a los débiles, mejor que los cristianos
tú vienes de las estrellas y odias esta tierra
donde moribundos descalzos se dan la mano día tras día
buscando entre la mierda la razón de su vida;
yo que nací del excremento
     te amo.

Tu símbolo es el ciervo
y el mío la luna:
         que caiga la lluvia sobre
     nuestras faces
uniéndonos en un abrazo
silencioso y cruel en que
como el suicidio, sueño
sin ángeles ni mujeres
desnudo de todo
salvo de tu nombre
          de tus besos
y tus caricias en mi cabeza calva
rociaremos con vino, orina y sangre
     las iglesias
regalo de los magos
y debajo del crucifijo
aullaremos.


A mi madre

Escucha en las noches cómo se rasga la seda

y cae sin ruido la taza de té al suelo

como una magia,

tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos

y un manojo de flores llevas en la mano

para esperar a la Muerte

que cae de su corcel,

herida por un caballero que la apresa con sus labios brillantes

y llora por las noches pensando que le amabas,

y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas

y hablemos quedamente para que nadie nos escuche

ven, escúchame, hablemos de nuestros muebles

tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con empuñadura en forma de pato

y dicen que llueve por nosotros

y que la nieve es nuestra

y ahora que el poema expira

te digo como un niño,

ven,

he construido una diadema,

        sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve.


Blancanieves se despide de los siete enanos

Prometo escribirles,

pañuelos que se pierden en el horizonte,

risas que palidecen,

rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda,

donde las arañas tejen ahora sus azules telas.

En la casa del bosque crujen, de noche las viejas maderas,

el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas.

Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos,

envenenados peines, manzanas, maleficios,

qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos.

Los echaré de menos, nunca los olvidaré.

Pañuelos que se pierden en el horizonte.

A lo lejos se oyen golpes secos,

uno tras otro los árboles se derrumban.

Está en venta

el jardín de los cerezos.


Infierno y paraíso

Pero no sólo los mendigos, padre, van al paraíso
       van también aquellos que aun más asco dan
también estos mendigos del ser que acezan a la puerta del manicomio
esas caricaturas humanas,

tal como esta
que Alicia se piensa en el jardín no humano de las flores
     y quisiera destruir el universo
     porque si hay algún monstruo, ÉSTE es la desgracia
     y la única injusticia que existe es la injusticia evidente
     y si hay alguna moral,

ésta es la moral del desastre.


Necrofilia

El acto del amor es lo más parecido a un asesinato.

En la cama, en su terror gozoso,

se trata de borrar el alma del que está,

hombre o mujer,

debajo.

Por eso no miramos.

Eyacular es ensuciar el cuerpo

y penetrar es humillar con la verga la erección de otro yo.

Borrar o ser borrados, pero en un instante,

irse

dejarlo

una vez más

entre sus labios.

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