26 de septiembre de 2022

Hoja Negra

Poesía para la nuevas generaciones

3 poemas de Leonor Riveros Herrera

2 min de lectura

Poeta y narradora colombiana. Asiste como invitada a encuentros literarios en municipios  del país, participa en recitales de poesía en la capital y otras ciudades, así como en diversos colectivos poéticos y artísticos como el organizado por Francesca Senesi y Georgia Kaltsidou. Parte de su obra ha sido antologada en libros y revistas de varios países, entre ellos, Colombia, Puerto Rico, Argentina, Uruguay, México y España. Integrante del “Grupo Poético Esperanza y Arena” y Secretaria del Centro Poético Colombiano, actualmente se desempeña como Consejera de Cultura de la Localidad 18, Rafael Uribe Uribe de Bogotá, adelanta estudios de Poesía con el Colectivo Distrital “Los Impresentables” y es aprendiz de Narración Gráfica en la Escuela de Literatura del Centro Cultural Bacatá, dirigido virtualmente desde el municipio de Funza (Cundinamarca) por la docente Dayana Álvarez.  

Autora del poemario “Zaguán de las palabras”, cuyo lanzamiento se realizó el 26 de abril de 2019 durante la versión No. 30 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá “Colombia 200 años”, y fue presentado por el escritor José Luis Díaz-Granados.


A las seis de la mañana

De la llaga del río emergen vahos.

Resoplidos de magia y caballos al galope.

El viento abanica mi cabello

despeina pensamientos

y se aleja.

En la mesa, el chocolate servido.

Ruido de trastos,

canto de pájaros

y la caricia de mi madre bendiciendo el nuevo día.

Un eco de eternidad en el instante

refresca la memoria

y en los pétalos del patio, el rocío.


Bienvenida

En la entrada a la capital

el visitante saludaba

la joroba de un girasol.

Con el sombrero espantaba

moscas de la tarde.

El viento se abanicaba

con la sombra

de sus manos.

El visitante no entendió el asombro

entre mis ojos y esta imagen.


Monólogo de pequeños deseos

Quisiera darle un decoroso final

a la herida en los portales,

expandir a los cuatro vientos

el aroma del café

por tantos meses enclaustrado

en el salón de onces y en la cafetería favorita

que hoy se vende o se permuta.

Cubrir la desnudez

de aquella queja que dormita

contra las rejas del local vecino.

Recuperar las mercancías saqueadas

y la sonrisa de su dueño.

Quisiera niños estudiantes

gozándose la transmisión de clases

en vivo y en directo

desde el aula o el patio del colegio.

Reciclar vestigio de andenes

y corrillo de universitarios en la plaza

antes del deterioro,

antes del desgaste

de flores en balcones y en sonrisas

viviendo de un pasado

que arrasó con inquilinos

de este extraño mundo de mentiras.

Estas utopías fallecen

precisamente ahora,

que decido asomarme a las calles

y me entero de que ellas

también agonizan de terror

ante el encierro.